Categorías: noticias; artículos y publicaciones. Publicado por Jorge Picó .04 Dic 2009 04:15 pm
Los actores ensayando solos. Foto ring de teatro
Si te pasas 10 ó 12 horas en el teatro algo va a pasar. Esta era la situación: pase desastroso y útil en Billom, desastroso porque vinieron las gentes de la DRAC, que son los que dan la pasta en las Francias y no les gustó. Lo hemos sabido porque no nos han subvencionado. Eso sí, no los invitamos, el caso es que sí dieron dinerillos para una maqueta, me explico. Una maqueta es un poco de dinero para probar cosas antes de empezar los verdaderos ensayos. Al parecer la Fira de Tárrega en Catalunya hace algo parecido, desconozco si lo hace alguine más. Buena idea, en principio. Un problema, te dan 3.000 eurillos y la administración tiene la puerta abierta para venir a los ensayos y opinar. Y claro cerrar el grifo si les conviene. Mi consejo a los futuros maqueteros es que los 3.000 eurillos los saqueis de otro lado y que no entre nadie en la sala de ensayos hasta que el puñetazo, la patada o caricia teatral que propondreis esté lista. Útil porque la gente del pueblo vino también y les gustaron los trozos fundamentales, pero no entendían las transiciones de una escena a otra. Perfecto, para Saint Fons (Lyon) había que trabajar las transiciones y algo más… le propos que dicen los franceses, el propósito de la propuesta digo yo. Los actores llegaban nerviosos, antes ya hubo cruce de mails pidiendo que esto había que salvarlo, pidendo cambios y reformas, cuestionando el trabajo, el mío, claro. Bueno pues ante el panorama sólo hay una respuesta, diez horas en el teatro, seguir con la cabeza pendiente las otras 14 que quedan y volver al origen de la idea, esperando que esta sea lo bastante rica para que termine chillando por sí sola.
Trond Erik Vassdal y Heinzi Lorenz en los ensayos de On est pas d’ici. Foto ring de teatro
Si vas perdido al final del proceso, vuelve a las ideas y sensaciones, aunque te parezcan ridículas, que tenías al principio y confía en ellas. La mía era: cuestionar el humor, de qué nos reímos, por qué esa contracción violenta y abdominal que se produce frente a ciertas situaciones. Era lo mejor que podía hacer con los tres actores, recuerdo que al principio me dijeron, “queremos hacer reír” y yo enseguida pensé al verlos con las narices de payaso puestas: “de qué nos reímos y por qué el humor”. Mi idea era violentarlos, sacudir un poco esa idea de clown que tenían. Se trata de desestabilizar sin que la maquinaria se pare. Lo más interesante del trabajo es que cada uno ha llegado a sus límites, es normal después de dos años de encuentros para realizar la creación. Ni Trond pensaba que haría lo que hace en el espectáculo, ni Heinzi, todo esto en mi opinión, creía que estaría tan despojado en escena, sin su silueta habitual de clown Fritz, y Harry, el más dúctil de los tres, termina encontrándose con lo que buscaba, lo grotesco, el transformismo, pero sin casi darse cuenta. Y yo, bueno yo, casi no quería ir a Lyon a terminar el trabajo, pero basta con resistir que siempre acaba saliendo algo.
Ditmar el payaso que confiesa que ya no quiere hacer reír más. Foto ensayo, ring de teatro
Aquí lo dejamos… el día del estreno, prometo escribir más… oh, LÀ, lá


