Categorías: artículos y publicaciones. Publicado por Jorge Picó .18 Feb 2008 02:13 am
Cartel Conferencia University of North Florida
La primera noticia que tengo de mi viaje a Florida es que no hay servicio público para ir del aeropuerto a la universidad. Taxi, sí. Pagando, también. ¿Qué va a pasar en un país así cuando no haya gasolina? ¿Debería empezar hablando de esto antes de empezar la conferencia? ¿Tiramos del hilo a ver qué hay detrás?¿O me callo, doy un rodeo, y empezamos por el teatro, que es como un traje que me he ido cosiendo con los años para poder cuestionar a los que mandan? ¿Porqué los odiamos tanto, a estos chicos? ¿Y cuál es el antídoto?El mío es llevarme en la maleta Walden o la vida en los bosques de Henry David Thoreu, quien, como sabéis, elaboró una teoría sobre la desobediencia civil y se negó a pagarle los impuestos a un gobierno al que desaprobaba moralmente. “Haced que vuestra vida sea un contrapeso que detenga la maquinaria”, escribió. Me parece más elegante, elegante para el alma, dejar que sea uno de los suyos quien les cuestione. La otra posibilidad, para compensar, no sé quién pueda pagarla, a mí me invita la Universidad de Florida, es mandar a un americano hacia España, que podría ir a dar una conferencia sobre teatro y se preguntara hacia sus adentros: ¿porqué copian lo peor que tenemos, estos españoles? Y ahora ya me pongo el traje, que se descose a menudo, y os hablo de teatro.
Damn your soul, theatre/ Maldita sea tu alma, teatro
(Una conferencia sobre actuación en teatro.)
If is not political, then is not theatre
“¡**** no se ve nada! ”Cuando se apaga la luz y nos quedamos a oscuras, solemos maldecir, sobre todo si tropezamos. Ensayar en teatro, generalmente, es apagar la luz del sol, meterse en una sala, si tienes suerte bien iluminada, e ir tanteando hasta volver a ver la luz. Es pasar un tiempo a oscuras hasta llegar a ver. En el relato de Apuleyo, Psique ama siempre a oscuras a Eros y acaba pagando el buscar la luz para verle la cara. Me mató descubrir que en griego “psique” significa tanto “mariposa” como “alma”. Mariposas confundidas ensayando en busca de la luz, quizás cuelgue este cartel en la puerta de la sala de ensayos, cuando no quiera que entre algún productor a incordiar. Teatro y oscuridad. Los orientales dicen que cuando empieza a disminuir la visión material aumenta la espiritual. Oscuridad de los ensayos que conlleva algún pequeño golpe, soportable, que produce dolor y que hace que maldigamos nuestra suerte. Sufrimiento, un poco, justo el necesario para tener compasión. Sin sufrimiento propio es difícil entender el de los demás. Además es lo contrario a la anestesia, el letargo o si lo prefieren la cara de tontos que se nos está poniendo a todos con este neoliberalismo de bombilla encendida. Mi ciudad, Valencia, en España, gobernada por una alcaldesa de derechas, Rita Barberá, sufre de contaminación lumínica, de tanta farola encendida. Yo no hablo de defender la oscuridad amiga de las tinieblas, sino la oscuridad de los ojos cerrados para pensar. El teatro es todo lo contrario a un reality show televisivo. Cuando llegan las cámaras a tomar una imagen de una obra de teatro los camarógrafos siempre dicen lo mismo: “un poco más de luz, que es para la tele” En la televisión se pone la cámara, necesitas luz para filmar, atrapar la realidad, y por cierto lo que se suele atrapar en estos programas es que la convivencia es muy difícil, casi imposible, “somos así”, parece decirnos la cámara. Un ensayo intenta ver cómo somos y apunta cambios y contradicciones. La actuación maneja relaciones humanas y cómo inciden las circunstancias en las personas. «Nos gustaría ser buenos y no tan groseros, si tan sólo las circunstancias fueran diferentes» dicen los personajes de La ópera de tres centavos de Brecht. Este recogimiento que implica el ensayo teatral te lleva a inventar la realidad para exponerla claramente, te empuja a ocuparla a codazos para provocar un período de reflexión y análisis. Es un acto político. Los ensayos, que necesitan de una cierta penumbra y recogimiento, se dedican a esto. Imagino que las velas que iluminaban los ensayos y las obras de Molière o Shakespeare obligaban, como la niebla cubriendo un paisaje, a agudizar más la atención, a terminar la realidad que se mostraba en el escenario. Con demasiada luz, observen un plató de televisión, corremos el riesgo de ver demasiado pronto o de deslumbrarnos. Hay que pasar por un período de penumbra, de incertidumbre en los ensayos, para terminar viendo. Los italianos, más italianos ellos, le dicen prova a ensayar. Hay dos formas bastante claras de “provar” en teatro: horizontalmente y verticalmente. En esta conferencia me propongo establecer relaciones entre estos dos ejes: el eje horizontal y el eje vertical, la mariposa o alma del teatro, si es que la tiene, maldita sea, y mis puestas en escena. Como dice Thoreau las leyes físicas se hallan en correspondencia con las morales.
La escena como una página en blanco. El actor como un lápiz
Mi primer gran apagón junto a Eros fue en la escuela de Jacques Lecoq de París. Nos dieron de tarea inventarnos algo, no muy largo, de unos cinco o seis minutos, bajo esta consigna: “un lugar y un acontecimiento”. Vale la pena detenerse un poco en esta ecuación tan sencilla. La ceguera estuvo en pensar que un espacio sólo podía ser un bar, la piscina municipal, la oficina del presidente de Estados Unidos… nunca pensé que el primer lugar posible era ¡el espacio mismo! Basta con recordar la idea de Peter Brook “I can take any empty space and call it a bare stage” El gran mérito para mí no es que esté vacío, como muchos destacan, sino el bautizo de cualquier espacio como teatral. El acontecimiento más sencillo, sigue Brook, sería atravesar caminando este espacio mientras alguien mira. “A man walks across this empty space whilst someone else is watching him, and this is all that is needed for an act of theatre to be engaged” Lo que nunca he tenido tiempo de preguntarle a Brook es: ¿sabe la persona que camina que le están mirando o no hace falta? Cuando enseño digo “a partir de esta línea es teatro y cuando estás fuera ya no” Aparentemente no pides mucho: se trata de cruzar la línea y que la vida se haga teatro. Si caminamos, y hay pocas cosas tan difíciles como caminar en escena, el recorrido es la línea horizontal, el cómo me desplazo sería la línea vertical.
Jorge se mueve
Lecoq hablaba de la diferencia entre el discurso (lo horizontal) y la palabra (lo vertical). El discurso sería el ir de un sitio a otro, y la palabra es cómo efectúo ese desplazamiento. Ejemplo:
“Estamos aquí reunidos como cada domingo para escuchar la palabra del señor” (discurso)
“ Esta es mi sangre y este es mi cuerpo” (palabra)
Mi trabajo en los ensayos consiste en privilegiar la línea vertical a la horizontal. La palabra frente al discurso. No fascinarse por la piel sino ver cuáles son las heridas. Para eso nos ha costado tanto tiempo el caminar erectos, somos verticales desafiando la gravedad. Cuerpos encarnando palabras (to embody the words) En escena hay una tendencia, sobre todo cuando improvisas, a que las cosas se vayan desenrollando, como una alfombra, ocupando el espacio: las palabrería acompaña a la palabrería, los aspavientos (que es la gran confusión del gesto) a los aspavientos y el espacio se cubre de una segunda capa que no añade mucho más al propio suelo. Lo que buscamos es relieve, profundidad, a partir del “humus” latino brota lo humano, la humanidad. Por eso me conmueve tanto la historia de Júpiter mirando el barro moldelado por Inquietud. Una pasta terrosa que va ganando en altura y volumen a medida que se moldea, un barro que el Teatro, me gusta pensarlo así, va puliendo y dándole una “psique”, ahora “aliento”, otro de sus significados. Una idea es profunda y humana no porque suena a complicada o difícil de entender, más bien porque es capaz de cambiar estructuras existentes. Creo que está tendencia a llenar el escenario de aspavientos, pantallas de vídeo, discursos y luces tiene que ver con la suma, una tendencia muy respetada últimamente por el poder. Sumar es equivalente a acumular, a ganancia, pero en escena es más difícil restar. Y más interesante. Más adelante trataremos este tema, el de la resta, en un espectáculo Chair de Papillon que dirigí en el año 2001 en Lyon, Francia. La mayor parte del tiempo un director se la pasa descartando posibilidades, suprimiendo gestos, filtrando intenciones. Los actores, sobre todo cuando improvisan, tienen miedo al vacío, a no proponer nada y estar a la escucha; tenemos el resorte de la producción metido en el cuerpo, les da miedo estarse “en ayunas” en el escenario. Somos hijos de nuestro tiempo y la tendencia es convertir el escenario en un supermercado de propuestas, las ideas se acumulan creciendo en horizontal: es el tiempo de las grandes superficies. De nuevo lo horizontal. Producir en abundancia es un falso espejismo para ganarse al espectador, que sería en términos económicos, el mercado.
El humor como defensa
Más líneas verticales. Si recorremos la línea que es nuestro cuerpo tenemos, de arriba abajo, la cabeza (el mundo de las ideas), más abajo el pecho (las emociones) y la pelvis (el sexo) y los pies, que sujetan como pueden todo el tinglado.
Jorge se mueve
Muchos actores en los cursos gustan de descalzarse para sentir más la tierra. Para Damien Bouvet, el actor de Chair de Papillon, ir descalzo es volver a la infancia. Es interesante, y sería tema de otra conferencia, ver qué autores escriben con una parte del cuerpo y quienes escriben con el cuerpo entero. Lo mismo ocurre con los actores, los hay que están en la cabeza cuando actúan, otros se emocionan, sacando pecho, sin que esto suponga emocionarnos a nosotros, y algunos privilegiados actúan con el cuerpo entero. Se suele decir que es un actor muy “orgánico”, claro, usa todos sus órganos. Otra evidencia es que las líneas se pueden torcer, agrandar, disminuir, comprimir, dilatar, abrir, cerrar. Por ejemplo si observamos el personaje de Charlot vemos que sus pies están abiertos, como las diez y diez en un reloj, y los hombros cerrados.
Jorge muestra
y si nos vamos a la forma de caminar de Jacques Tati nos da risa que antes de avanzar dé un pequeño saltito reculando.
Jorge muestra
¿Por qué? Porque hacer reír consiste en intentar que cosas muy distantes, casi inconciliables vayan de la mano. Lo divertido es tener que ir hacia detrás antes de avanzar. Divertido y toda una lección. Para avanzar tenemos que retroceder. Por eso las parejas cómicas tienen tanto éxito, suelen ser individuos que no tienen nada que ver que siguen juntos “a pesar de”. Es cierto, como dice Freud, que al hacer humor alejamos posibilidades de desarrollo afectivo en una situación. Pero es una defensa. A mí me gustaría empujar a ciertos políticos, algunos banqueros e hinchas de fútbol y sus intenciones a un barranco para que almorzaran allí y no salieran en una temporada. Pero no tengo ningún barranco a mano y empujo muy mal. Consecuencia, hago humor. Por eso el buen humor siempre está contra el poder. ¿Se puede hacer humor de todo? Aquí hay un gran debate pues no a todos no hace reír lo mismo. Bueno yo creo que te puedes defender con humor de la gravedad, la injusticia y las almas feas. La primera obra de ring de teatro, Joe Zárate te necesita nació al ver la imagen de Jose María Aznar, nuestro presidente de derechas en el año 2003 y ahora asesor de Rupert Murdoch, poniendo los pies en la mesa junto George Bush. Como no pude empujarlo a ningún barranco para que almorzara, nadie me lo presentó, escribí una obra de teatro con Alfonso Amador. Hablaremos de ella en la última parte de la conferencia, la obra fue una defensa a través del humor ante la soberbia de este ex-presidente. También creo que es más difícil hacer humor si no hay verdad. La fórmula nos la sirvieron hace tiempo: la comedia es verdad y dolor. La verdad sería la línea horizontal que sostiene una situación y el dolor la vertical: al arriesgarnos mayor cantidad de dolor conseguiremos un humor más profundo e inteligente.
La gran línea vertical que sujeta la escena, y por donde transitan todas las voluntades humanas, es la que va desde la tierra (a veces el subsuelo, de donde salen los bufones) hasta el cielo (desde donde nos miran los dioses). La tragedia es una línea vertical (el hombre) que se fractura. Es imposible vivir una tragedia de pie, te astillas y caes al suelo o te repliegas como un feto y buscas el suelo. El drama sí se puede aguantar de pie. Hay un movimiento que aprendí en la escuela de Lecoq, llamado el discóbolo, que es un análisis de cómo se lanza un disco en la antigua Grecia que traza muy claramente esta relación entre el cielo y el suelo.
Jorge muestra el discóbolo
Actuar es traducir imágenes insólitas en escena.
Y ahora quisiera conectar los expuesto anteriormente con mi propia práctica escénica, hablemas de las ya mencionadas: Chair de papillon y Joe Zárate te necesita.
Chair de Papillon nace del comentario de la hija de su creador a su padre, cuando tenía 4 años: “On est que de la viande papa! (We’re just flesh, daddy)” Y es la prueba de que el público asiste al teatro para ver transformaciones. Damian y yo siempre preferimos hablar de metamorfosis. La obra es una deconstrucción de los cuentos de infancia empezando por Papa Noel, Caperucita Roja, Blancanieves, Cenicienta y termina con una mariposa que busca la luz de una bombilla eléctrica, como en el capítulo “La mariposa y la bombilla” de El tambor de hojalata de Günter Grass
Diferentes imágenes de Chair de Papillon
Damien y yo siempre empezamos de la misma forma. El se pone delante y me explica qué quiere actuar. Yo le miro como el escultor que ve la escultura dentro del bloque de piedra que tiene delante o como el lápiz delante de la hoja en blanco. Mi trabajo es ayudarle a traducir las insólitas imágenes que propone. En el caso de Chair la línea vertical era la siguiente: empezaríamos con Papa Noel arrastrando un ataúd (sustitución del trineo por el ataúd) el ataúd se abriría y cavaría tierra de dentro (al final cavó juguetes) y sabíamos que una mariposa revolotearía una bombilla al final. Lo de en medio no estaba tan claro. Iríamos del subsuelo hasta lo aéreo. La gente nos pregunta si la bombilla simboliza a Dios y nosotros no lo sabemos, sabemos que da luz. También éramos conscientes de otro hallazgo: el Papa Noel era un volumen al que le restaríamos peso, un personaje que siempre entra a oscura en las casas y un insecto que busca la luz. Íbamos a pasar del vestuario teatral, del artificio, de un volumen enorme (tenemos que usar tres secadoras de mano después de cada espectáculo para secar el sudor del actor) a la piel humana, la carne de Damien. La obra era un combate contra la gravedad, era un quitar peso, porque el humor también es eso, quitarle peso, hierro a las cosas.
Cuando trabajas con alguien con tanto talento como Damien el sentido de las cosas va apareciendo poco a poco, durante los ensayos y el riesgo que corremos es el de producir imágenes impactantes como estas:
More images about Bouvet’s work
E hipnotizar sin llegar a darle sentido a la obra. Su trabajo se dirige a todos los públicos y varias veces hemos tenido problemas con los maestros, y alcaldes de las ciudades donde vamos porque consideran que el contenido no es para niños. ¿Y por qué ríen y aplauden junto a sus padres les preguntamos nosotros? Igual que con la bombilla, no nos acaban de aclarar bien.
Joe Zárate te necesita, posterior a Chair y la primera obra de ring de teatro fue, afortunadamente para la compañía un fracaso comercial, no hay nada peor que empezar una compañía de teatro con un éxito, que es la fatiga de querer estar siempre iluminado, y surgió de un contexto determinado: la invasión de Irak por los Estados Unidos de América con el consentimiento del gobierno Español de la época. Al principio quise titularla Diario político de las partes del cuerpo pero no supe qué hacer con el título y opté por el personaje de Zárate, un trasunto de nuestro expresidente Aznar, que vivió su momento de luz y esplendor al poner los pies en la mesa junto a su presidente en el llamado trío de las Azores
Image of Aznar resting his feet on the table
y que al empezar por la zeta, pues se convirtió en la historia de cómo el último de la clase, que descubre una bomba de niño, llega a ser presidente de España y justo cuando lo va a conseguir, de nuevo metamorfosis, se americaniza y un día despierta hablando inglés y cachea a su mujer, como en un aeropuerto, cada vez que siente deseos sexuales hacia ella, camina como un rapero del bronx y solamente se alivia cuando le recitan fragmentos del Quijote. La obra, que escribí junto al director de cine y documentalista, Alfonso Amador, empezaba con dos actores haciendo inventario de los objetos que habían en escena y terminaba con tres astronautas plantando la bandera de estados unidos de América en la luna, que es lo que el gobierno americano suele hacer cuando una guerra se tuerce, como ocurrió en la del Vietnam y como en el 2003 parecían reactivarse los intentos de pisar la luna por la administración Bush.
Images of Joe Zárate te necesita
La obra, justo cuando Zárate llegaba casi al poder, se interrumpía, al público no le aclarábamos por qué y en un giro inesperado Zárate sufría un interrogatorio sobre la propia obra y terminaba torturado. La presentación de la obra coincidió con las famosas imágenes de abusos y tortura por los militares estadounidenses en la cárcel de Abu Ghraib.
Me gustaría terminar insistiendo en esta especie de geodinámica teatral que os he propuesto con las líneas. El miércoles de la semana pasada tracé, en un solo día, una línea que iba desde la última ecografía de mi primer hijo antes de nacer, que parece muy a gusto, a oscuras, en el vientre de su mami y en el otro extremo de la línea tuve que velar y enterrar a mi amigo Rafael Romero Zúnica, cómplice de ring de teatro desde su fundación. Me desplacé por carretera, horizontalmente, no me gusta conducir, desde Barcelona (lugar de la ecografía) hasta a Valencia para velar el cuerpo y enterrarlo y aunque el verdadero viaje se produjo en vertical, un movimiento interno, lleno de preguntas y de músicas varias que uno intenta afinar, reconocer. Ya ven, así somos los del teatro, intentado crear líneas con un lápiz prestado y mordido por la infancia, entre el misterio de la vida y las reglas del juego teatral, maldita sea